viernes, 11 de mayo de 2007

Parece que nos vamos haciendo mayores (visto desde fuera)

En aquel día de bochorno insoportable, Julia daba vueltas por la casa como alma en pena, sin saber qué hacer. "Odio este calor", se repetía una y otra vez, mientras sus pequeñas manos, rechonchas como las de un bebé, jugaban con su pelo alborotado. Encendió la televisión, y como si de un saco de patatas se tratase, se lanzó hacia el sofá. No hay nada interesante. Apagó la tele, e imaginó cómo las historias improvisadas de su cabecita loca salían al exterior y se reflejaban en la pantalla.

Casi siempre historias con un final triste. No es que le gustase que acabasen mal, al contrario; es sólo que imaginar desgracias, ajenas o propias, o lágrimas cayendo a cámara lenta en el suelo de un salón alumbrado únicamente por las brasas de la chimenea le parecía mucho más fácil, que imaginarse a dos patos haciéndose arrumacos en el estanque de un parque soleado. Porque odiaba a Lorenzo. Retorciéndose en el viejo sofá, trató de buscar la postura más cómoda posible, mientras trataba de entender por qué el sol se asociaba a lo bonito, a la felicidad, a la alegría elevada a la enésima potencia. "La lluvia es mucho más versátil", se dijo.

Entonces, cerró los ojos y se sumergió en un húmedo atardecer otoñal, en el que las hojas más atrevidas comenzaban a desprenderse de su árbol, para aterrizar finalmente en el duro suelo, esperando, solitarias, a sus compañeras. Un día oscuro, con esa fina lluvia, casi imperceptible, que poco a poco te moja hasta las entrañas. Pudo ver entonces a dos jóvenes cogidos de las manos, acariciándose con los ojos. Ella, pelo moreno y rizoso, empapada hasta las pestañas, con el flequillo cubriéndole toda la frente, y las mejillas rosadas. Él, muchacho apuesto, con aspecto protector, le quitaba el pelo de la cara de vez en cuando, mientras le decía algún que otro tímido te quiero, pero no por ello menos valioso.

Sonrió. Cogió el libro que estaba leyendo desde hacía dos semanas (La tabla de Flandes), y se adentró en el mundo del arte, de caballeros y damiselas, de acertijos y ajedrez durante unos apasionantes... diez minutos, justo el tiempo necesario para terminar uno de los capítulos que había dejado a medias. Julia gruñó levemente, no estaba cómoda en el sofá, así que se levantó. Fue a la cocina, y abrió la nevera tratando de buscar inspiración en ese día tan común, aprovechando para sentir el frío vapor en el vello de los antebrazos. Le apeteció comer. No, no le gustaba nada de lo que veía, así que se limitó a beber agua, que nunca viene mal. Girando sobre sí misma, cruzada de brazos, se dio una vuelta por la casa, buscando alguna fuente de la que emanase algo de entretenimiento.

Mientras reptaba con sus zapatillas estrambóticas por todas partes, trataba de guarecerse de los picores que recorrían todo su cuerpo debido al cambio de sangre, para descubrir que el único lugar seguro al que no podía huir, era su mente. "Maldita alergia", pensó. Pensaba en nada y en todo a la vez. Se acordaba de sus padres, de los amigos, de los amigos de verdad, e hizo un flashback de sus últimos años de vida, para llegar a la conclusión de que se estaba haciendo mayor. Lo notaba, y aunque su madre le repitiera una y otra vez que era una cría, y aunque su padre siguiera ocultándole cosas "de mayores", ella sabía que estaba experimentando un cambio al que no tenía miedo. Se sentía segura de sí misma, poderosa, sentada en su trono agitando su cetro dorado.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, al darse cuenta de que estaba más cerca de formar una familia que de saltar a la comba. Pero aunque echaba de menos aquellos días de niñez, donde su máxima preocupación era saber en qué escondite había puesto sus canicas esa vez, donde nada ni nadie podía afectarle, y ser ignorante era como un regalo caído del cielo, no se sentía apenada. Quizás un poco nostálgica sí.

Abrió la puerta que daba al balcón, y se asomó lentamente, como si hubiese alguien a quien espiar en la cornisa contigua. Era el atasco vespertino, producido por los trabajadores que terminaban su jornada, entre otros. Algunos golpeaban el claxon con furia; otros, más pacientes se limitaban a esperar. ¿Qué otra cosa podían hacer?

El calor se iba a dormir poco a poco, y detrás el Sol, dejando una estela anaranjada a su paso. Así Julia, desde su rincón, se imaginó que los edificios que la rodeaban eran traslúcidos, descubriendo así una hermosa puesta de Sol, más bella que ninguna de las que pudiera recordar. Entonces pensó que quizás no odiaba tanto el Sol, sino que eran diferentes puntos de vista, nada más. Sonrió una vez más, mientras observaba el mundo, desde su balcón...




Y entonces decidí que yo era Julia, con sus más y sus menos...

Espero que os haya gustado :D

sábado, 5 de mayo de 2007

El alma ausente

Si me pudieran abrir por la mitad para examinarme por dentro, además de sangre, vísceras, y un corazón en la flor de la vida, no encontrarían nada más. Vacío. Sólo de pronunciarlo en mi mente suena hueco.

Me gustaría centrarme en un aspecto de mi vida personal-profesional. Porque, efectivamente, cuando me refiero a algo personal, no me refiero a temas amorosos, que todos sabemos que ocupan un buen porcentaje de la capacidad de nuestro disco, pero no su totalidad. Esto es algo íntimo, un monólogo de mi obra de teatro. Me estoy refiriendo al alma.

El alma no es algo tangible, pero de una u otra forma, podemos sentirla. Dejando a un lado las definiciones de ésta que los filósofos han ido tratando de exponer a lo largo de los siglos, me gustaría que os sentarais a pensar que es lo que este elemento os transmite. Algunas personas puede que se la imaginen con un determinado color, olor, e incluso una textura. Otras puede que no la dibujen en sus mentes de ninguna forma, pero saben que está ahí, atada a ellos con un lazo invisible.

Pues bien, mi alma es algo de forma indefinida, y translúcido, que ¡Oh! ¡Está vacío! Lo que quiero decir con esto, es que mi alma ni alberga ni transmite nada. Es como si no existiera, pero entonces tendría que autodenominarme desalmada, cuyo significado no concuerda (en principio) con mi persona.

Este es un tema peliagudo. Realmente... ¿Cómo sabes si tu alma está o no viva? Ocurre como con el amor: no sabes si estás enamorado o no, hasta que un día te levantas y dices "Pues sí". No lo sabes, pero lo sabes.

No tengo argumentos suficientes para enfocar este tema. Me parece algo muy difícil de explicar, y con visiones muy diferentes de unas personas a otras. Tal vez sea porque no puedo hablar de algo que desconozco, así que... comeos la cabeza un poco vosotros por mí :)

En fin, yo hoy iba a hablar de otra cosa ligeramente relacionada, y sin venir a cuento me ha salido este...experimento fallido (me pongo a releerlo y me parece un tostón impresionante). De todas formas, me daba pena borrarlo, y ya que he gastado tiempo en escribirlo, lo publico, que para algo es mi blog y pongo lo que quiero :D

No me enfadaré si no os lo leeis, a fin de cuentas, sólo son divagaciones de una mente inquieta, aguardando lo que le depara el futuro. A fin de cuentas, se reduce a eso: a tus objetivos marcados, a tus aspiraciones, a los logros ya alcanzados.

Es increíble el vacío que se puede sentir a veces aunque tengas casi todo. En mi caso, vacía por ausencia de metas alcanzables. Unos días más, otros menos, depende del momento.

¡Guau! ¡Era de esto de lo que iba a hablar!

Tendrá que ser otro día ;)

Saludos ^^

lunes, 16 de abril de 2007

Y tras un largo paréntesis...

Vuelvo a escribir. Sí, ya sé, tengo esto muy abandonado, pero aunque no os lo creais, cuando me siento delante de la pantalla a escribir algo nuevo, no se me ocurre nada... y cuando se me ocurre no estoy en el ordenador y luego se me olvida...

Resumiré todo lo que pueda estas últimas semanas:

Por fin llegaron las vacaciones de Pascua, y me fui a Asturias con Iván. Aunque sólo estuvimos juntos allí cuatro días (yo me quedé más, pero él se tuvo que ir, obligaciones laborales), nos lo pasamos bien, o eso creo.

Fuimos a la nieve, cosa que añoraba desde hacía tiempo. Por primera y última vez, me subí en mi tabla de SnowBoard este año. Pensé que se me habría olvidado el equilibrio en algún rincón oscuro, pero para mi sorpresa, ahí estaba yo descendiendo por la ladera a una velocidad interesante, aunque reducía la marcha cuando veía que me estaba emocionando demasiado, o cuando Iván se quedaba metros atrás :)

Cuando Iván se fue, me limité a quedar con viejos amigos que hacía meses que no veía, y a salir a picotear algo a última hora de la tarde con la familia. Vamos, lo normal...

Los últimos días de las vacaciones también descubrí que no puedo convivir con mi madre más de una semana de seguido. Es extraño, al principio nos lo pasamos genial (supongo que será porque me echa de menos, y yo a ella, y todas esas cosas de madres e hijas). Pero conforme pasan los días, yo me empiezo a encontrar más tensa y ella más... ¿Cómo decirlo? Quisquillosa tal vez.

Puedo comentaros en este momento que fue por ella en parte por lo que me vine a vivir a la Comunidad Valenciana. Necesitaba cambiar de aires, estar un tiempo a solas (estar con mi padre es prácticamente estar solo, espiritualmente hablando claro), y desconectar. Fue la única salida que encontré después de estar meses (me atrevería a decir años) discutiendo sin parar, por cosas banales. Así que tras acarrear un año de depresión de caballo (con sus efectos secundarios en estudios, comportamiento, y amistades), decidí autodiagnosticarme una mudanza a cualquier otro lugar. Lo creáis o no funcionó. Al mes siguiente me encontraba anímicamente estable, en parte también gracias a mi chico, que por aquel entonces empezabamos a estar juntos. Pero cuando vuelvo a casa hay cosas que reviven en mi interior... que por suerte ahora creo que puedo controlar. No es que lleve un demonio dentro, es sólo que... es difícil de explicar, y yo difícil de tratar.

Volviendo al tema, el fin de las vacaciones llegaba, y tenía que despedirme de abuelos, tíos y demás familia, hasta el verano próximo... Y ya el viernes 13 de Abril me dirigí al aeropuerto a coger un vuelo hacia Madrid (¿Mal día para volar? No sé, no soy supersticiosa, creo).

En Madrid hice mi primera escala, un divertido fin de semana con Iván y su cumpleaños, con reencuentros con campuseros, ¡¡ e incluso con un record personal en una partida de bolos !!

Hoy Lunes llegó la hora del regreso, vuelta a las clases y a la rutina, aunque no estoy triste (solamente porque me gustaría estar mas días contigo :* ). Empezaré la recta final del curso con alegría y dedicación (y con dieta..).

En fin, dije que resumiría y no he resumido, pero ya sabéis, las mujeres a veces somos impredecibles, ¿Quién nos entiende?

Saludos a todos y espero que hayáis disfrutado a vuestra manera de las vacaciones.

domingo, 11 de marzo de 2007

Tiempo de Festejos

Saludos a todos,

Hacía tiempo que no escribía. Estos días no ocurría nada especial. Atascada en la rutina, me he puesto a redactar algo, más que nada para combatirla.

Bueno, antes de todo, comentaros que esta es la primera entrada que escribo desde mi flamante portatil (si no lo digo reviento!!). Ya era hora de tener uno (y que dure).

Ahora sí, cambiemos de tema. Hablemos de fiestas. Parece que las ciudades donde habito (sí sí, dos, Valencia y Castellón, e incluso me atrevería a decir tres si añadimos la natal ), estaban muy aburridas últimamente. Y de repente han llegado todas las fiestas a la vez. Por supuesto me refiero a las Fallas y a la Magdalena.

Nunca antes había ido a ninguna de ellas (tampoco soy de fiestas), aunque sí que creo que a Fallas hay que ir al menos una vez en la vida, ver los diferentes diseños (algunos francamente impresionantes) de las fallas, y observar con pena desde la multitud cómo se queman.

Ayer Sábado se inauguraban las fiestas de La Magdalena 2007 en Castellón, y fui a ver la mascletá a las 12 de la mañana. Durante 10 minutos no pararon de tirar voladores, muchos a la vez, de forma que se formaba tal estruendo que las aves que por allí estaban, no sabían a dónde volar. Puede que me pase por allí algún otro día, aunque lo veo difícil, siendo entre semana (estudio en Valencia, y tengo clase).

También la pasada noche salimos a celebrar el cumpleaños de un compañero de clase, Agustín. Fuimos los justos y necesarios, ni muchos ni pocos, nueve personas. Cenamos en el Brutus (os recuerdo aquella foto de una hamburguesa de este restaurante que subí en una de las entradas). Después, un poco a bailar y derivados (porque bailar no es que bailasemos mucho ni bien), pero me recogí a una hora razonable, no quería alterar el sueño, y no me apetecía seguir por ahí (si no salgo con Iván no es lo mismo =) ).

Además, mientras yo estaba en el cumpleaños, a la vez se celebraba la boda de un tío mío. No lo sabíamos, pero casualmente mi padre se fue de viaje a Gijón ayer al mediodía, ya que odia las fiestas y prefería estar con la familia, y cual fue su sorpresa que al llegar le mandaron adecentarse para ir a la boda que aún servían la cena...

Parece como si todas las fiestas y celebraciones se hubieran confabulado para sucederse a la vez, y volvernos locos a todos pensando "¿A cual voy?".

Pues a todas hombre, a todas :)

Nos vemos!

martes, 27 de febrero de 2007

Un tira y afloja en el que ganamos todos

El pasado fin de semana estuve en Puente Genil, provincia de Córdoba. Así, de repente, allí me planté. Vayamos por partes:

Mi novio es aficionado al famoso juego online Counter-Strike, y como buen jugador, en su día pasó muchas horas delante de la pantalla de su ordenador pegando tiros con más colegas de su "Clan". Debido a nuestra relación decidió dejar este mundillo (incitado por mí y mi aversión a este juego, obviamente). No obstante, la buena amistad con el resto de compañeros fue suficiente para que este fin de semana nos plantásemos en tierras andaluzas, para presenciar la cuarta edición de un torneo en un ciber de la zona.

Al principio me mostraba reticente. No aceptaba la idea de que tuviera ganas de ir, y no se lo prohibí porque no soy su madre y él tiene derecho a hacer lo que le venga en gana. Pero después lo pensé en frío y llegué a la conclusión de que no soy nada permisiva. Para él es algo importante y debo respetarlo, sea lo que sea. Como me apetecía que pasásemos el fin de semana juntos, hice de tripas corazón y me apunté a la excursión.

Allí vi, más o menos, lo que me esperaba. Alto porcentaje de chicos (todos menos servidora), bastos, malhablados y a mi entender un poco "colgados". Para mí los videojuegos pueden crear dependencia como cualquier droga, y allí había mucho adicto (a más de una...). Sin embargo hubo una grata sorpresa, y fue el compañerismo que reinaba en el lugar. Cinco personas trabajando en equipo, en tensión, con los nervios a flor de piel, para lograr la victoria.

De los compañeros de Iván, en general puedo decir que todos tienen esa gracia andaluza característica en el sur. Simpáticos (aunque a veces algo infantiles), y con salero, y aunque no les conozco mucho y no soy quién para juzgar, parecían buena gente.

Sin embargo, si tengo que elegir algo de todas las anécdotas y experiencias vividas este fin de semana, me quedo con una que no tiene nada que ver, ni con el evento, ni con el viaje. Me quedo con Iván y conmigo, que aunque ya llevamos un tiempo juntos, por fin sentí que el Sábado pasamos de ser un "tú" y un "yo" a formar un "nosotros". Es a él a quien tengo que agradecerle el no sentirme sola. Gracias :)

Y como moraleja me quedo con lo primero que he comentado. Un día uno cede por el otro, y al día siguiente puede ocurrir lo contrario. No podemos centrarnos en nosotros mismos y no dar el brazo a torcer. Por experiencia propia puedo decir que para recibir hay que dar. En una pareja, hay que mirar por la otra persona, y recordar que lo más importante es su felicidad, pues cuando le mires fíjamente a la cara y veas sus ojos brillar y una hermosa sonrisa, también se convertirá en la tuya propia.

Saludos para todos.

p.d: Al final los chicos quedaron quintos en el torneo :)

miércoles, 14 de febrero de 2007

¡ Feliz día de San Comercial !

Pues sí amigos lectores, hoy es día 14 Febrero, un día en el que los comercios echan cuentas frotándose las manos. Y es que sigo sin entender el por qué de este revuelo de corazones, cupidos y cosas de color rojo. ¿Nos hace falta un día marcado para regalar, para ser detallistas? Yo creo que no. El que quiere a alguien le quiere en San Valentín, y el resto de los días del año.

No os dejéis engañar con publicidad engañosa tipo "Regálaselo por San Valentin", "Demuéstrale que le quieres con un regalo" y paraos a pensar. Con esto no favorecéis la relación (si las cosas iban bien, van a seguir yendo bien y si iban mal, incluso pueden ir peor, porque vamos, ¿realmente creeis que una rosa cura los problemas de pareja?) sino que contribuis a que los señores dueños de centros comerciales se hagan cada vez más y más ricos. No hará falta decir que las cosas están, por si fuera poco, aún más caras.

Yo por mi parte, no regalo ni me regalan nada. Me niego a comprar algo (con el consiguiente comedero de cabeza) previsible y poco original, que además puede que ni sea útil (por ejemplo, unos calzoncillos con corazoncitos rojos, ¿alguien usaría eso alguna vez?). Si sois muy románticos y quereis regalar -NO comprar- algo a toda costa, hacedlo bien. Podéis regalar algo hecho por vosotros, por ejemplo una carta de amor. Ni comparación con una maldita caja de bombones.

Lo que quiero decir es que todos los días al lado de vuestra pareja son especiales. El amor no se demuestra el 14 de Febrero; el amor se demuestra todos los días con las pequeñas cosas de la vida. Cualquier día es idóneo para un pequeño detalle con vuestro chico/a y seguro que sea el día que sea, sonará más sincero y menos forzado y artificial que el día que los comercios te dictan.

Y a los que estéis solteros, no os deprimáis. No se si nadie os lo ha dicho aún pero os voy a contar la verdad: Es un día como otro cualquiera. Disfrutad de los amigos y seres queridos, por ejemplo.

Un saludo :)

lunes, 5 de febrero de 2007

Un fin de semana cualquiera, pero diferente

El pasado fin de semana lo pasé en Valencia. Vino a verme mi novio Iván y nos fuimos a un hotel, cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ya habíamos estado en otra ocasión, aunque esta vez la habitación era mucho mas pequeña y la cama de 2x2 se transformó en dos camas de 90.

No hicimos nada especial, no hubo ningún evento. A ojos de los demás podría ser un fin de semana cualquiera, pero para mi cada fin de semana así es especial, sólo por el hecho de estar con él. Supongo que todos los que tengáis a alguien sabéis a lo que me refiero.

Del fin de semana me quedo con las anécdotas. Fuimos a cenar a un sitio donde todo era enorme. Se llama el restaurante "brutus" y supongo que muchos de vosotros lo conoceréis. Con decir que una hamburguesa parecían cuatro... y para muestra, esta foto:



También decir que intentamos ir al cine. Pero como somos retorcidos, y no nos servía un cine cualquiera, decidimos ir a Kinépolis. Para ello hicimos uso del GPS de reciente adquisición. Dicho GPS está sin actualizar, y sufrimos en nuestras carnes este aspecto, cuando descubrimos que nuestro aparatito nos había llevado a un descampado a ver los últimos estrenos de cartelera...

No es mi estilo hablar de este tipo de cosas aquí, pues supongo que a mucha gente no le interesará lo más mínimo (aunque supongo que la mayoría de esos no tienen constancia de este blog). Lo que quiero dejar como moraleja hoy, es que muchas veces estamos pendientes de hacer algo espectacular, sin tener en cuenta que lo importante es con quién lo haces, con quien vives ese momento. Sólo por eso ya será único e irrepetible en la historia.

Saludos